|
Este es una artículo que creo que puede ser interesante para poder ver, desde otro punto de vista, que no sea el histórico, porque debemos de defender nuestra raiz e identidad, y no dejarla pisotear por catalanufos ni intelectualoides.
(El Día del Mundo, 29 de juliol de 1997)
Decía Gaspar Melchor de Jovellanos que “las lenguas se forman, no se inventan, brotan y crecen poco a poco. No nacen en un corrillo de tertulia, ni en una plaza o lugar circunscrito, ni se la saca de la manga ningún escritor. Siempre nacen entre muchos pueblos, unidos por vínculos de sociedad o íntimas relaciones de trato”. Esto viene al caso porque los filólogos de la Universidad de Baleares enseñan que el catalán —al revés de cómo ocurrió con las demás lenguas, que se formaron y evolucionaron con los trovadores— ya nace maduro y desarrollado con los escritos del mallorquín Ramón Llull.
Sin embargo es imposible que ningún idioma nazca sin su correspondiente etapa de balbuceos, excepto si se trata de una lengua sintética. Y, asimismo, analizando los escritos de Ramón Llull (que, por cierto, nunca estuvo en Cataluña), vemos que hace uso de los artículos pronombres propios de Baleares, de los cuales ha carecido y carece el catalán. Con lo cual la lengua en la que escribe Ramón Llull no puede ser otra que el romance mallorquín.
Ese pequeño detalle no es más que un eslabón de la cadena que sostiene la auténtica causa de tanta falsedad y tergiversación histórica, y que no es otra que la creación de la Gran Cataluña, tal y como dejó escrito en 1907 el artífice de las filosofías catalanistas Prat de la Riba, en su libro “La nacionalitat catalana”, diciendo: “…Ya es afirmación de la personalidad catalana, que no acaba en las fronteras de la vieja provincia nuestra, sino que se extiende tierras más allá, hasta tocar las palmeras de Murcia y atravesando el mar, florece en las islas de Mallorca (…) No tenemos un nombre común; hagamos como los ingleses y su Gran Bretaña, flor de un imperio a punto de abrirse; hablemos de la Cataluña Grande, que no es sólo el Principado solo, ni Mallorca ni el Rossellón, y todos a la vez (…) Y para llevar a cabo esta filosofía, hay que dominar por la fuerza de la cultura, servida y sostenida por la fuerza material; es el imperialismo moderno, el imperialismo integral, el de las grandes razas fuertes de ahora (…) Por la unidad de la lengua llegaremos a la unidad política”.
Esto y sólo esto persigue el catalanismo. Una unidad política a costa de lapidar la lengua propia de Baleares y Valencia, sustituyéndolas por la catalana, al tiempo que arrinconan el castellano proscribiendo su uso, pues es base fundamental para exigir la independencia de los “Països Catalans” el alegar que en su territorio el español es lengua extranjera.
Y es frustrante ver como eminentes togas hacen juego al catalanismo; unas por simple comodidad al no afectarles el problema; otras porque ven a Baleares como una colonia de ultramar, y les importa poco lo que les pase a sus indígenas; otras por no sospechar que están siendo manipulados y engañados por colegas de una supuesta integridad cultural; y, por último, otras por ignorar olímpicamente el trabajo de los autodidactas.
Así es como ha tomado fuerza el “cuento chino” de que balear, valenciano y catalán son una misma lengua con diferente denominación. Sin embargo, científicamente no se aguanta en pie. Veamos un pequeño ejemplo. Se dice que el español y el francés son idiomas distintos, entre otras cosas, porque el francés carece del artículo “el” y el español del artículo “le”; y también porque la división semántica de las partes del día en francés tiene una sema más que en español. Pues miren ustedes por donde —sin tener que detenernos en la sintaxis, ni en la fonología, ni en la morfología—, basándonos en los mismos ejemplos que demuestran que el español y el francés son distintos, nos encontramos que el balear no es ningún dialecto del catalán —y mucho menos la misma lengua— pues el catalán tiene tan sólo dos artículos masculinos singulares (el, l’), por nueve el Balear (es, en, u, el, so, se, ne, sen, lo). Y en cuanto a la semántica de las partes del día, el balear tiene siete semas, por cinco el catalán.
Llegados a este punto se hace preciso que se sepa que los defensores del balear cada vez que los catalanistas pretenden ofendernos al llamarnos incultos e ignorantes, lo que hacen —sin saberlo— es incrementar nuestro orgullo porque, sin pretenderlo, nos colocan del lado del ilustrísimo ignorante e inculto Miguel de Unamuno, el cual, en su libro “Por tierras de Portugal y España”, en la página 515, nos hace saber: “…A donde quiera que voy me gusta leer en la lengua de aquel país. En Portugal por ejemplo, apenas leo sino portugués, y ahora aquí, (1916) leo mallorquín. Pero cuidado que lo sea, y no en catalán”.
Fernando de Oleza Rossiñol de Zagranada es presidente de la Plataforma en defensa del balear.
Article de Llengua
|